sábado, 30 de abril de 2005
El comercio informal en Villarrica
December 29
El comercio informal en Villarrica
No traten de esconder a los comerciantes ambulantes
El comercio informal es una realidad en cada pueblo de Chile porque es el reflejo de una economía y de una sociedad con una profunda desigualdad social donde las palabras amor y fraternidad son sólo un cliché navideño para ablandar los bolsillos de los consumidores.
Por Manuel Gross Osses
Parece que es una moda el tratar de esconder a los comerciantes ambulantes durante la temporada turística en Villarrica. Por razones difíciles de comprender, parece que los poderes fácticos que mangoneaban en la administración del anterior alcalde derechista todavía siguen ejerciendo sus influencias.
La nueva amenza que se cierne sobre los comerciantes ambulantes de Villarrica me trae a la memoria una frase dicha por la Susanita: "Si los gobiernos no pueden terminar con la pobreza, entonces por lo menos deberían esconder a los pobres"
Los lectores de la famosa Mafalda recordarán que Susanita era la niñita arribista y discriminadora que sólo veía lo que fuera de color de rosa, viviendo de espaldas a la realidad en que estaba inmersa, y que era tan magistralmente retratada por Quino, el autor de Mafalda.
El comercio informal es una realidad en cada pueblo de Chile porque es el reflejo de una economía y de una sociedad con una profunda desigualdad social donde las palabras amor y fraternidad son sólo un cliché navideño para ablandar los bolsillos de los consumidores.
Esta desigualdad social, que es intrínseca al modelo de economía liberal, sólo se resolverá en el largo plazo, con el esfuerzo de toda la sociedad representada por sus gobernantes progresistas. Es decir, no existen las soluciones instantáneas mediante decretos.
Entonces, ¿qué se ganaría en la práctica con el intento de esconder a los comerciantes ambulantes?. Nada, salvo crear otros tipos de problemas y perjudicando los legítimos intereses de los más pobres por ganarse la vida honradamente en esta temporada turística.
Las personas del pueblo y los visitantes, de todas las condiciones sociales, que cotidianamente le compran a los ambulantes, saben perfectamente que estamos en Villarrica, Chile, y no en Miami ni en Hollywood, y que por ahora tenemos sencillamente que reconocer y adaptarnos a nuestras modestas realidades tercermundistas.
Para desgracia de las "Susanitas" de Villarrica, la solución deshumanizada no es esconder a los comerciantes informales.
Todo lo contrario, la solución humanitaria es generar un plan de acción sistemático, con la participación activa de todas las fuerzas vivas de la ciudad, incluyendo a los usuarios del comercio (es decir a los clientes, a los que no somos comerciantes ni autoridades) que entregue a fines del 2005 una ordenanza realista y un lugar adecuado para el funcionamiento de este tipo de comercio.
El comercio informal en Villarrica
No traten de esconder a los comerciantes ambulantes
El comercio informal es una realidad en cada pueblo de Chile porque es el reflejo de una economía y de una sociedad con una profunda desigualdad social donde las palabras amor y fraternidad son sólo un cliché navideño para ablandar los bolsillos de los consumidores.
Por Manuel Gross Osses
Parece que es una moda el tratar de esconder a los comerciantes ambulantes durante la temporada turística en Villarrica. Por razones difíciles de comprender, parece que los poderes fácticos que mangoneaban en la administración del anterior alcalde derechista todavía siguen ejerciendo sus influencias.
La nueva amenza que se cierne sobre los comerciantes ambulantes de Villarrica me trae a la memoria una frase dicha por la Susanita: "Si los gobiernos no pueden terminar con la pobreza, entonces por lo menos deberían esconder a los pobres"
Los lectores de la famosa Mafalda recordarán que Susanita era la niñita arribista y discriminadora que sólo veía lo que fuera de color de rosa, viviendo de espaldas a la realidad en que estaba inmersa, y que era tan magistralmente retratada por Quino, el autor de Mafalda.
El comercio informal es una realidad en cada pueblo de Chile porque es el reflejo de una economía y de una sociedad con una profunda desigualdad social donde las palabras amor y fraternidad son sólo un cliché navideño para ablandar los bolsillos de los consumidores.
Esta desigualdad social, que es intrínseca al modelo de economía liberal, sólo se resolverá en el largo plazo, con el esfuerzo de toda la sociedad representada por sus gobernantes progresistas. Es decir, no existen las soluciones instantáneas mediante decretos.
Entonces, ¿qué se ganaría en la práctica con el intento de esconder a los comerciantes ambulantes?. Nada, salvo crear otros tipos de problemas y perjudicando los legítimos intereses de los más pobres por ganarse la vida honradamente en esta temporada turística.
Las personas del pueblo y los visitantes, de todas las condiciones sociales, que cotidianamente le compran a los ambulantes, saben perfectamente que estamos en Villarrica, Chile, y no en Miami ni en Hollywood, y que por ahora tenemos sencillamente que reconocer y adaptarnos a nuestras modestas realidades tercermundistas.
Para desgracia de las "Susanitas" de Villarrica, la solución deshumanizada no es esconder a los comerciantes informales.
Todo lo contrario, la solución humanitaria es generar un plan de acción sistemático, con la participación activa de todas las fuerzas vivas de la ciudad, incluyendo a los usuarios del comercio (es decir a los clientes, a los que no somos comerciantes ni autoridades) que entregue a fines del 2005 una ordenanza realista y un lugar adecuado para el funcionamiento de este tipo de comercio.

